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Cáncer de Tiroides

Crecimiento anormal de células en la glándula tiroides, ubicada en la parte frontal del cuello.

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Esta información es educativa y está escrita en un lenguaje sencillo. No reemplaza la consulta con un médico especialista. Siempre consulte a su médico para un diagnóstico y tratamiento adecuado.

¿Qué es?

De acuerdo con el National Cancer Institute, el cáncer de tiroides es una enfermedad caracterizada por la aparición de células malignas en los tejidos de la glándula tiroidea. Esta glándula se encuentra en la parte inferior del cuello y cumple funciones esenciales en el organismo, como el control de la frecuencia cardíaca, la temperatura corporal, el peso y el metabolismo.

¿Cuáles son los tipos?

Según el National Cancer Institute, existen cuatro tipos principales de cáncer de tiroides, cada uno con diferente grado de agresividad. El cáncer de tiroides anaplásico es el de manejo más complejo y presenta menor respuesta a los tratamientos actuales. Por otro lado, los tipos papilar, es el más frecuente, folicular y medular suelen tener mejores posibilidades de curación.

El cáncer de tiroides se encuentra con más frecuencia en las mujeres.

El cáncer de tiroides se diagnostica con mayor frecuencia en personas entre los 55 y 64 años de edad. Además, las mujeres presentan aproximadamente tres veces más riesgo de desarrollar esta enfermedad en comparación con los hombres.

De acuerdo a la información del National Cancer Institute, en los Estados Unidos, la cantidad de casos diagnosticados de cáncer de tiroides aumentó entre 1974 y 2013; sin embargo, la mortalidad asociada a esta enfermedad se mantuvo estable o mostró una ligera disminución. Entre 2013 y 2016, las tasas de diagnóstico comenzaron a estabilizarse y se observó una reducción en la detección de tumores menores de 1 centímetro. En la mayoría de los casos, el cáncer de tiroides responde favorablemente al tratamiento y suele tener un buen pronóstico, con altas posibilidades de curación.

La exposición a la radiación es uno de los principales factores que incrementan el riesgo de desarrollar cáncer de tiroides.

Un factor de riesgo es cualquier condición o circunstancia que aumenta la probabilidad de presentar una enfermedad. Sin embargo, tener uno o varios factores de riesgo no significa necesariamente que una persona desarrollará cáncer de tiroides, así como también puede presentarse en personas sin antecedentes conocidos. Ante cualquier duda, es importante consultar con un médico.

Según la información del National Cancer Institute, entre los principales factores de riesgo para el cáncer de tiroides se encuentran:

  • Haber recibido radioterapia en la cabeza o el cuello durante la infancia o la lactancia, o haber estado expuesto a lluvia radiactiva. En algunos casos, el cáncer puede aparecer pocos años después de la exposición, incluso desde los 5 años.

  • Tener antecedentes familiares de enfermedades tiroideas o de cáncer de tiroides.

  • Presentar antecedentes de bocio, que corresponde al aumento del tamaño de la glándula tiroides.

  • Padecer trastornos genéticos, como el síndrome de neoplasia endocrina múltiple tipo 2 (NEM2), relacionado con alteraciones en el gen RET.

  • Ser mujer.

  • Tener ascendencia asiática.

Opciones generales de tratamiento
 

Según el National Cancer Institute, existen diferentes alternativas terapéuticas para el manejo del cáncer de tiroides, las cuales se eligen según el tipo de tumor, su extensión y las características de cada paciente.

Cirugía

La cirugía constituye el tratamiento más utilizado para el cáncer de tiroides. Dependiendo del caso, pueden realizarse distintos procedimientos, entre ellos la lobectomía, la tiroidectomía subtotal, la tiroidectomía total y, en situaciones específicas, la traqueostomía.

Radioterapia y terapia con yodo radiactivo

La radioterapia emplea radiación de alta energía, como rayos X u otras fuentes, con el objetivo de destruir las células cancerosas o evitar su crecimiento. Existen dos modalidades principales: la radioterapia externa y la radioterapia interna.

En los casos de cáncer de tiroides papilar y folicular, puede utilizarse terapia con yodo radiactivo (YRA). Este tratamiento se administra por vía oral y se concentra en el tejido tiroideo residual, incluyendo células cancerosas que pudieran haberse diseminado a otras partes del organismo.

Quimioterapia

La quimioterapia consiste en el uso de medicamentos destinados a destruir las células cancerosas o impedir que continúen multiplicándose.

Terapia con hormona tiroidea

Este tratamiento utiliza hormonas para bloquear o disminuir la estimulación del crecimiento de las células tumorales, contribuyendo así al control de la enfermedad.

Terapia dirigida

La terapia dirigida utiliza medicamentos diseñados para identificar y atacar específicamente determinadas células cancerosas. Entre los tratamientos más utilizados se encuentran los inhibidores de tirosina cinasa y los inhibidores de proteínas cinasas.

Nuevas alternativas terapéuticas

Actualmente, continúan desarrollándose y evaluándose nuevas opciones de tratamiento mediante ensayos clínicos, entre ellas la inmunoterapia, que busca estimular el sistema inmunológico para combatir el cáncer.

Exámenes de detección

Según el National Cancer Institute, los exámenes de detección tienen como finalidad identificar la presencia de cáncer antes de que aparezcan síntomas. Detectar alteraciones o tumores en etapas tempranas puede facilitar el tratamiento y mejorar las posibilidades de control de la enfermedad, ya que cuando los síntomas se manifiestan, el cáncer podría haberse extendido a otras partes del cuerpo.

Asimismo, el instituto señala que los investigadores buscan comprender por qué ciertas personas presentan mayor riesgo de desarrollar determinados tipos de cáncer. Para ello, estudian factores relacionados con el estilo de vida y el entorno, con el objetivo de establecer recomendaciones sobre quiénes deben realizarse pruebas de detección, cuáles son las más adecuadas y cada cuánto tiempo deben efectuarse.

El NCI también destaca que la indicación de un examen de detección no significa necesariamente que el médico sospeche la presencia de cáncer, sino que estas pruebas se realizan precisamente cuando aún no existen síntomas.

Finalmente, cuando un examen de detección muestra un resultado anormal, puede ser necesario realizar estudios adicionales para confirmar o descartar la enfermedad. Estos estudios complementarios reciben el nombre de pruebas diagnósticas.

Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas

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